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domingo, 2 de febrero de 2014

Debí de soñarte



Esta mañana, 
me desperté con las palabras
 intentando salir a borbotones de mi boca,
pero no estabas…
¡Debí de soñarte!
De hecho, hace tanto y tanto que te fuiste…
El tiempo cómo es él, tenaz,
igual que erosiona y transforma las montañas,
ha ido desdibujando
la nitidez de tu rostro... 
Aunque de pronto,
cómo regalos inesperados
me vienen recuerdos, claros y diáfanos…
Unas veces sorprendida
por un aroma cómplice, 
que sin ningún reparo
me hace viajar en el tiempo
a aquella cocina, ese lugar tan tuyo, tan nuestro...
Otras, asaltada por momentos fugaces, 
que provocan distintas emociones en mi,
alegría, tristeza, diversión, enfado,
 y, sobre todo, empezar a entenderte...
¡Debí de soñarte!
Porque ya no estás, 
no hay posibilidad de escribir algo nuevo juntas,
de encontrarnos, 
desde este lugar
en que pueda verte con los ojos 
que va dando la madurez y el transcurrir de la vida,
tan igual y tan distinta, 
aunque tú fueras siempre la misma,
la que  mis labios ya no llamarán 
“mamá”.




martes, 21 de enero de 2014

Las afueras


"Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario..."

Hoy quiero hacer mi pequeño homenaje a este escritor, Jaime Gil de Biedma (1929-1990), poeta español. Y también, a todos... que  a través de estás líneas, puedan verse reflejados con las distintas emociones que el autor va dejando entrever, jugando con las "afueras de la ciudad". Convirtiéndola en este poema en  objeto poético, no por su identidad tangible y real, sino mostrando su propia "ciudad interna", con calles entrecruzadas plagadas de emociones intensas y contradictorias: nostalgia, la esperanza y  el dolor de la desesperación, lo irrefrenable  del paso de tiempo, nuestras propias noches obscuras y las afueras de nosotros y de los otros, la soledad y la búsqueda de otra piel para el encuentro de la propia...
Espero disfrutéis de su profunda compañía...


I
La noche se afianza
sin respiro, lo mismo que un esfuerzo.
Más despacio, sin brisa
benévola que en un instante aviva
el dudoso cansancio, precipita
la solución del sueño.
Desde luces iguales
un alto muro de ventanas vela.
Carne a solas insomne, cuerpos
como la mano cercenada yacen,
se asoman, buscan el amor del aire
-y la brasa que apuran ilumina
ojos donde no duerme
la ansiedad, la infinita esperanza con que aflige
la noche cuando vuelve.

II
¿Quién? Quién es el dormido?
Si me callo, respira?
Alguien está presente
que duerme en las afueras.

Las afueras son grandes,
abrigadas, profundas.
Lo sé pero, no hay quién
me sepa decir más?

Están casi a la mano
y anochece el camino
sin decimos en dónde
querríamos dormir.

Pasa el viento. Le llamo?

Si subiera al salón
familiar del octubre
el templado silencio
se aterraría.

Y quizá me asustara
yo también si él me dice
irreparablemente
quién duerme en las afueras.

III
Ciudad
            ya tan lejana!

Lejana junto al mar: tardes de puerto
y desamparo errante de los muelles.
Se obstinarán crecientes las mareas
por las horas de allá.

Y serán un rumor,
un pálpito que puja endormeciéndose:
cuando asoman las luces de la noche
sobre el mar.

Más, cada vez más honda
conmigo vas, ciudad,
como un amor hundido,
irreparable.

A veces ola y otra vez silencio.

A media voz
Vida y obras