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domingo, 30 de marzo de 2014

El paso de los años



Pasan los años y los años,
con un andar lento, pero seguro. 
Miro hacia atrás,
envuelta en algún recuerdo,
con la nostalgia a punto de alcanzarme "cuanto tiempo".
Cada vez con más historia,
historia de memoria histórica 
e historia de historias vividas...
Algunas tan lejos, 
que parece que fue en otra vida,
y seguramente es cierto, 
no era la misma que soy ahora...
Cómo si hubiese dado tanto de si, 
que para ir nombrándola, 
necesitase hacerlo en grandes títulos,
encabezando los distintos capítulos...
algunos hermosos, otros tristes, 
a veces difuminados en  matices multicolores...
Pero muchos se los debió llevar el olvido, 
porque hay veces que no acaban de encajar,
debe faltar alguna pieza,
la memoria me  juega malas pasadas..
Otros se quedaron en la piel...
Y al mirarme al espejo, 
igual que algunos recuerdos quedaron en la lejamia,
la juventud también se fue yendo,
primero de puntillas, casi a hurtadillas,  
para luego ausentarse  más y más, 
hasta que un día hizo las maletas definitivamente,
  se marchó...sin despedirse...
Y vinieron  las canas a teñir mi pelo negro,
las arrugas empezaron a surcar  mi piel, 
al principio timidamente,
hasta hacerse  presentes
enmarcando mis ojos y mi boca...
cuando me rió a carcajadas, 
o la vida me sorprende sonriendo
y también, ante  el dolor,
cuando me sacude sin pudor...
Están ahí, conmigo, son mis compañeras, 
del día a día, de esta nueva etapa, 
más lenta, más tranquila y más segura... 
Y me quedo preguntándome,
mientras contemplo el amanecer,
con una taza de café en las manos,  
desde el sosiego de no esperar ya nada...
excepto el vivir fiel a misma, 
¿para qué tanta prisa...?


domingo, 2 de febrero de 2014

Debí de soñarte



Esta mañana, 
me desperté con las palabras
 intentando salir a borbotones de mi boca,
pero no estabas…
¡Debí de soñarte!
De hecho, hace tanto y tanto que te fuiste…
El tiempo cómo es él, tenaz,
igual que erosiona y transforma las montañas,
ha ido desdibujando
la nitidez de tu rostro... 
Aunque de pronto,
cómo regalos inesperados
me vienen recuerdos, claros y diáfanos…
Unas veces sorprendida
por un aroma cómplice, 
que sin ningún reparo
me hace viajar en el tiempo
a aquella cocina, ese lugar tan tuyo, tan nuestro...
Otras, asaltada por momentos fugaces, 
que provocan distintas emociones en mi,
alegría, tristeza, diversión, enfado,
 y, sobre todo, empezar a entenderte...
¡Debí de soñarte!
Porque ya no estás, 
no hay posibilidad de escribir algo nuevo juntas,
de encontrarnos, 
desde este lugar
en que pueda verte con los ojos 
que va dando la madurez y el transcurrir de la vida,
tan igual y tan distinta, 
aunque tú fueras siempre la misma,
la que  mis labios ya no llamarán 
“mamá”.