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domingo, 30 de marzo de 2014

El paso de los años



Pasan los años y los años,
con un andar lento, pero seguro. 
Miro hacia atrás,
envuelta en algún recuerdo,
con la nostalgia a punto de alcanzarme "cuanto tiempo".
Cada vez con más historia,
historia de memoria histórica 
e historia de historias vividas...
Algunas tan lejos, 
que parece que fue en otra vida,
y seguramente es cierto, 
no era la misma que soy ahora...
Cómo si hubiese dado tanto de si, 
que para ir nombrándola, 
necesitase hacerlo en grandes títulos,
encabezando los distintos capítulos...
algunos hermosos, otros tristes, 
a veces difuminados en  matices multicolores...
Pero muchos se los debió llevar el olvido, 
porque hay veces que no acaban de encajar,
debe faltar alguna pieza,
la memoria me  juega malas pasadas..
Otros se quedaron en la piel...
Y al mirarme al espejo, 
igual que algunos recuerdos quedaron en la lejamia,
la juventud también se fue yendo,
primero de puntillas, casi a hurtadillas,  
para luego ausentarse  más y más, 
hasta que un día hizo las maletas definitivamente,
  se marchó...sin despedirse...
Y vinieron  las canas a teñir mi pelo negro,
las arrugas empezaron a surcar  mi piel, 
al principio timidamente,
hasta hacerse  presentes
enmarcando mis ojos y mi boca...
cuando me rió a carcajadas, 
o la vida me sorprende sonriendo
y también, ante  el dolor,
cuando me sacude sin pudor...
Están ahí, conmigo, son mis compañeras, 
del día a día, de esta nueva etapa, 
más lenta, más tranquila y más segura... 
Y me quedo preguntándome,
mientras contemplo el amanecer,
con una taza de café en las manos,  
desde el sosiego de no esperar ya nada...
excepto el vivir fiel a misma, 
¿para qué tanta prisa...?


martes, 29 de octubre de 2013

Se nos olvidó comprar las cortinas para nuestras ventanas virtuales


Ayer iba escuchando la radio, mientras volvía a casa, cuando comentaron la noticia del espionaje perpetrado en el teléfono móvil de la señora Merkel. De pronto, salto a la palestra, la voz de otro personaje público confirmando que él también había sido espiado. Y sólo parecía la punta del iceberg…

La primera sensación, fue,  un tanto de perplejidad ante la naturalidad con que se reconocían estos hechos. Lo que me ha llevado a reflexionar sobre el tema, de cómo estamos adormecidos plácidamente en los brazos de las nuevas tecnologías, disfrutando de los enormes beneficios que nos permiten (hace un tiempo, impensables)… Pero, a la par, me doy cuenta que este estado de bienestar, nos impide reconocer ciertas voces que nos señalan la conveniencia de preservar nuestra privacidad.

¿Quién no ha escuchado cuando nos advierten  de apagar la webcam del ordenador o taparla cuando se trabaja con él? ¿O haciendo alusión al caso con el que he comenzado…escuchamos cómo los teléfonos son intervenidos y la intimidad de esa persona…es aireada? Se hablan de sistemas informáticos encriptados para protegerse de hackers… Incluso de cómo determinadas palabras “claves” consideradas dignas de desconfianza, al ser escritas en las redes sociales, parece que pueden saltar “alarmas” en determinados ámbitos… Si, quizás estáis pensando pero esto pasa sólo a determinadas personas o es de película… Y es cierto, según mi humilde opinión, son cuestiones que no logro vislumbrar el alcance que pueden tener, de hecho recién, estoy empezando a adquirir el idioma (nivel iniciación). Lo que puede llevarnos por momentos a confundirnos con la ciencia ficción que no sé si en ocasiones ya está llamando a nuestra puerta…

Pero yo me pregunto, algo que no deja de resultarme paradójico, cómo una sociedad que busca la seguridad, desde lo más cotidiano de nuestras casas, con ventanas cubiertas por persianas y verjas, puertas blindadas, alarmas conectadas y en lo externo, cámaras vigilando  centros comerciales y calles, etc...No se nos pasa por la cabeza, aunque sea comprar unas tenues cortinas que logren cubrir esas “ventanas virtuales”, que tan alegremente dejamos al descubierto.

¿Acaso nos estamos contagiando de otras naciones…y pensamos que para salvaguardar una seguridad de más alto nivel, merece la pena hipotecar nuestra libertad, sacrificar nuestra privacidad? O simplemente, es que nos cuesta mirar lo que está ocurriendo, elaborarlo, porque ha sido algo tan rápido e impensable que todavía no hemos despertado…